viernes, 4 de septiembre de 2009

Fantasmas y otros vacíos.

Fantasmas y otros vacíos.

Gracias por los comentarios, surgen irremediablemente más preguntas. ¿Puede llamarse espacio vacío a lo que contiene un algo que intuimos que existe pero que no vemos? ¿Podemos adjudicarle vacío a una realidad que no conocemos? ¿No es esto ligereza? Como dice Melissa Dixon "eso que no está configurado en nuestro sistema cognitivo es precisamente lo que no hemos podido catalogar con nuestro lenguaje, con nuestra codificación de la realidad" Por no poderlo catalogar, por no poderlo nombrar, creo, o podría explicármelo así, lo llamamos vacío. Ahora, es cierto que hay cosas que no sabemos y no sabremos jamás, cosas que no podemos entender aun cuando ocurren en nuestra más visible realidad.  A estos fenómenos los llamamos fantasmas, ovnis, espíritu, (¿Dios?), y esto puede ser una nominalización de lo que nosotros conocemos como imposible pero que inexplicablemente, repito, ocurre. ¿Y si en vez de llamarlas como fantasmas u ovnis los llamamos vacío? La última definición que da la rae de fantasma es: Población no habitada, cuando se refiere a alguna población vacía o desocupada; si se nos aparece un fantasma lo podríamos definir como un espacio aparentemente lleno pero en realidad vacío. Las cosas que no podemos conocer ni nombrar en nuestro sistema cognitivo pero que están de alguna u otra manera allí o creemos que lo están, son como un fantasma, un espacio vacío.

Respecto a la pregunta de Juan. e, no iba a dar necesariamente esta explicación, ahora creo que las dos son compatibles, ya lo explicaré. ¿Qué llamamos nosotros espacio vacío? Algo que esta vacío, en donde no hay nada. Pero esto es esencialmente diferente de la nada. El rae dice sobre la nada: No ser, o carencia absoluta de todo ser. Y respecto al vacío: Falto de contenido físico o mental. La nada no es, no fue y no será; el vacío podríamos tomarlo como algo que no es, pero él solo es una carencia no es una negación, por lo que es (así no tenga nada), fue (por lo que tuvo) y será (por lo que tendrá). Sin duda la filosofía no es la nada puesto que es, y el ser no le quita la posibilidad de ser vacío.

Ahora, la filosofía es algo que engloba muchas cosas, que tiene muchas dependencias, como la ética, la metafísica, la ontología, la epistemología e incluso algunas extrañas como la filosofía de la química. La vida diaria como Cussins nos lo muestra, está enmarcada y englobada por la filosofía. Y todas las preguntas que salen de estas dependencias son en sí preguntas de la filosofía, la inquietud y la inquietante filosofía. ¿Está vacía la filosofía? ¿Podríamos afirmar esto a pesar de saber que tienen dependencias? ¿Eso no llena la filosofía? NO. Tomemos la filosofía como una casa, cuando decimos que una casa esta vacía ¿que decimos?, que no tiene gente ni cosas , que si miramos por las ventanas vemos las paredes sin cuadros, los pisos sin sillas, sin mesas, los ecos sin voces (sin ecas). Que esta vacía. Pero alguien podría decir " un momento esa casa no esta vacía tiene puertas, paredes, ventanas, pisos, cuartos, espacios, incluso silenciosos e invisibles inquilinos como pulgas, piojos, bichos en general, recuerdos, fantasmas". La filosofía tiene sus cuartos, sus rincones, sus paredes y ventanas, los lugares comunes a los que cada filósofo va cuando entra a la casa. Pero eso no es más que la estructura que le da la calidad de casa, por lo que la podemos llamar casa. Si no tuviera espacio para las ventanas o puertas seguiría siendo casa, si le quitáramos el techo se sigue llamado casa si le quitamos el piso y la dejamos en la tierra se llama casa, si le destruimos las paredes interiores, que quede sin cuartos, quedaría un espacio vacío rodeado de unas paredes y sin dificultad lo podríamos denominar, en algún sentido, casa, pero si destruimos esas paredes no queda nada, queda mundo, no queda espacio delimitado y como es imposible destruir la paredes de la filosofía, ya que estas paredes son las grandes cuestiones y preguntas de la vida cotidiana, son transversales a nuestro paso por la tierra enmarcándonos el camino y, si las destruimos, aparecerían inmediatamente, entonces la filosofía siempre será como mínimo, un espacio que está vacío pero que es aun sin decoraciones o cuartos.

Eso respecto a las paredes, pisos y techos. ¿Qué hacer o qué decir de los habitantes invisibles que también pueblan la casa? ¿No son estos lo que llenaría el vacío? Podríamos afirmar que si, incluso deberíamos decir que si. Pero para estos seres debemos tener una especial visión incluso microscópica visión. Y con esto volveríamos al punto de partida. ¿Algo está vacío aun si consideramos que hay algo ahí que no vemos? Y tendríamos que volver a decir que esos habitantes son Fantasmas, espacio o seres vacíos. Lógicamente en una casa de verdad los seres microscópicos sí son corpóreos, hay bichos, cucarachas, piojos, pulgas, etc. y estos están, son corpóreos, no los podemos determinar como fantasmas. Pero para la filosofía, lo que la habita sin que nosotros la veamos, si son fantasmas. “La casa de la filosofía” esta poblada de fantasmas, fantasmas que recorren y recorren, van y vienen entre los cuartos, trasgreden las paredes y asustan a algunos cuantos aventureros del mundo cotidiano que intrigados por preguntas se asoman a la casa y ven una intrincada alucinación que los desborda. Por eso es maravilloso cuando alguien es capaz de entrar y no asustarse sino maravillarse con esos fantasmas y con este asombro, los que están realmente dispuesto a afrentarse al vacío, como Jhon Edgar, nos muestran los fantasmas los cogen de la mano y de alguna u otra manera les dan corporeidad.

Por eso los temas de la filosofía nunca acaban, pues cada filósofo le da una dimensión distinta a cada fantasma, una determinación distinta a cada cuarto y, por eso, yo escogí entrar a filosofía pues no encuentro mayor lugar de asombro en el mundo que en un espacio vacío.

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